Sorori… ¿quéee?

Sorori… ¿quéee?
Estoy tomando un café, —quienes me conocen saben que soy adicta a la
cafeína— Tengo el portátil abierto y remoloneo frases en el Word, buscando un
tema interesante sobre el que opinar este mes. Se me ocurren varios. Lógico,
nuestro universo femenino es «hasta el infinito y más allá» como acostumbra a
decir cierto héroe supergaláctico de Pixar.
Un par de mujeres, más jóvenes que yo, se sientan en la mesa de al lado.
Por momentos elevan bastante el tono, por lo que no puedo evitar oír parte de
la conversación.
—Pues sí, tía. Ya ves, ya lleva seis años casada con él. Lo amarró pero
bien. Tuvo a los dos niños para no trabajar. Es lo peor. Mi primo es tonto
perdido. Él, todo el día currando para ella… si es que… en mi familia nadie la
soporta… no paró hasta pillarlo… Yo, cuando vienen de visita, a ella casi ni le
hablo…
Y ahí siguió, durante un buen rato, desgranando un montón de lindezas de la
tal mujer de su primo.
Me imagino tirada en una tumbona en una playa paradisíaca, bebiendo mojitos
y untada en bronceador con olor a piña colada.
Automáticamente me vienen a la cabeza mis tres churumbeles, y el mojito y la
tumbona desaparecen para dar paso a una imagen en la que estoy de pie en la
orilla, con dos cubos, un rastrillo y una pala desparejados, un flotador con
forma de rana medio deshinchado y quemada por el sol, porque no me ha dado
tiempo de ponerme la crema protectora. De esa guisa, hago aspavientos y a
voz en grito, mando salir del agua a mi descendencia y a un par de amiguitos
que se han unido al plan. Todo muy glamuroso, sí. Así que, precisamente,
tener hijos para «no trabajar», no me parece muy buena idea, la verdad.
Me coloqué los auriculares para concentrarme mejor y mitigar la sensación de
malestar que me provocaba oír a una mujer poner a «caer de un burro» a otra.
No sé, llamarme rarita, pero creo que ya estamos bastante jodidas, para que
por encima seamos nosotras mismas las que nos pongamos los palos en las
ruedas y llenemos de piedras nuestro duro y serpenteante camino.
Y lo triste, es que no es a la primera mujer a la que oigo este tipo de
comentarios. Hace unos meses, hablando con otra mujer y comentando la
sentencia en la que el Tribunal Supremo condenaba a los miembros de la
Manada por violación,
—”sabían lo que hacían, y lo que hacían fue violar de una joven de 18 años, no
abusar de ella ni compartir una juerga.”, afirma literalmente la sentencia, me
decía que a ella, eso no le parecía bien. Que las chicas de hoy en día, sabían
Lepe. Que qué hacía esa chica a esas horas por la calle y que a qué había ido
a San Fermín.

—Pues, ¡a dónde le salió del … ! —le contesté muy enfadada—, y cambié de
tema, so pena de no volver a dirigirle la palabra.
Y me dolió. Me dolió muchísimo que no la creyera. Me dolió en lo más
profundo. Como si fuese yo. Como si fuese mi hija, mi sobrina, mi hermana, mi
amiga…
Me dolió de veras.
El caso Nevenka, traído de nuevo a la actualidad gracias a la miniserie que
Netflix ha emitido hace unos días, es otro ejemplo de que la norma es poner
nuestra palabra, la palabra de las mujeres en duda. No se nos cree. Siempre
se nos cuestiona. Siempre tenemos intereses ocultos.
Pese a que un tribunal le había dado la razón a Nevenka y condenado a su
agresor a nueve meses de prisión por delitos de acoso sexual, a una multa y a
indemnizar a su víctima, gran parte de la sociedad estaba del lado del ahora ex
alcalde de Ponferrada, Ismael Álvarez, que gozaba de una enorme
popularidad, llegando a organizar marchas en su apoyo y tildándola a ella de
mentirosa y oportunista.
Nevenka, sin embargo, tuvo que exiliarse en el Reino Unido por el
hostigamiento social que continuó sufriendo tras la finalización del juicio.
Todavía hoy, veinte años después, a pesar de que ha logrado rehacer su vida,
muchos de los testimonios que aparecen en la serie son de archivo, porque ella
no fue capaz de contarlo todo.
Hay un sector empeñado en que no nos creamos entre nosotras. En que los
ataques , a veces más feroces, vengan desde dentro. Y yo me niego.
No quiero.
Se dice SORORIDAD. Preciosa palabra. Porque, ¿sabéis qué?
Hermana, YO SÍ TE CREO.
*Según la RAE, la palabra Sororidad tiene estos significados:
Sororidad,
Del ingl. sorority, este del lat. mediev. sororitas, -atis 'congregación de monjas', y
este der. del lat. soror, -ōris 'hermana carnal'.
1. f. Amistad o afecto entre mujeres.
2. f. Relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por
su empoderamiento.
Real Academia Española.
@solinobarcia
María Soliño.